martes, 24 de julio de 2012

vaya e?

Déjame que te diga una cosa. El saber que no debo pensar en ti, que tengo que olvidarte, afianza tu recuerdo en cada acto del día. Son destellos puntuales en mi cabeza. La mayor parte del día puedo caminar sin recordar cómo nos abrazábamos brevemente. La mayor parte. Luego aparece tu proximidad en un coche. Tu mirada en una terraza. Tu risa en un local donde el eco reina. Y por donde yo sólo doy vueltas, esperándote. Suele ser en los momentos donde me descuido. Donde mi cabeza, cansada, deja abiertas las puertas porque necesita aire. Corriente. Entonces tu asaltas mis ventanas, doblegas mis neuronas y sonríes detrás de mis ojos. Siempre donde no puedo ni tocarte ni dejar de mirarte. Siempre dentro de mí pero inalcanzable. En ráfagas de cólera fugaz me concentro, enfadado, en lo que tengo que hacer. En lo que esperan de mí. Pero al rato estoy perdiéndome en la pared, en algún punto entre el ordenador y el techo. Sonriendo a medias. Rehaciéndote en las nieblas de mi cabeza. Poro a poro. Y concluyo, en medio de brokers y especuladores, que mi estrategia es la peor, pero la única. Porque por querer, no quiero que me olvides. Ni quiero olvidarte.

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