lunes, 30 de abril de 2012
Mantequilla con notarios.
Ya he dado tres vueltas a esta madrugada. Siempre que vuelvo con efluvios alcohólicos la lengua se me traba, no sé tocar la guitarra y reniego de ciertas cosas. Casi siempre las mismas. Grito al volante y lloro al cielo. Preguntándome si algún día me traerán alguna solución. Reniego. Pero al día siguiente siguen ahí. Aunque me desconocen, me adivinan. Saben que soy uno de ellos. Conocen como encontrarme. Buscan mi lado más humano y no puedo evitar sonreírles. Soy uno de ellos. Siempre formarán parte de mi. Sé que nunca cambiarán. Pero que no pueda con ellos no significa que vaya a parar. Una lucha eterna e imposible. Ese es mi legado a quien quiera coger mi relevo. Un destino trágicamente afortunado.
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