martes, 24 de abril de 2012
¿Lo intentamos?
El traqueteo rompía el silencio de la noche. La niebla desdibujaba las formas y las convertía en sombras desconocidas y amenazantes. Las luces de las farolas parecían flotar en un mar desvanecido. El coche de caballos navegaba entre la noche y la niebla. Despacio pero con prisa. La expresión concentrada del cochero revelaba la dificultad de ese propósito. Separados del exterior por unas puertas de endeble madera y cortinas, un hombre contemplaba a otro. El primero tenía rasgos marcados y una barba cerrada. Su mirada profunda y oscura parecía atravesar las almas más débiles. El pelo, pulcramente cortado, caía graciosamente sobre su frente, serena y noble. Observaba atentamente al otro hombre. Éste, vestido con andrajos y fuertemente maniatado, esperaba, encapuchado, su desenlace.
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