domingo, 22 de abril de 2012

A cuarenta minutos de un partido

Me esperas 
en la habitación de al lado. 
Entrecierro los ojos, 
y me hago el dormido. 
Oigo tus pasos, firmes y suaves 
por el suelo desnudo. 
Con una ternura a medida,
me conduces a una cama
infinita y concurrida. 
Siento que he llegado a casa
pero que he perdido las llaves
en alguna calle
que no lleva tu nombre.

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