Me esperas
en la habitación de al lado.
Entrecierro los ojos,
y me hago el dormido.
Oigo tus pasos, firmes y suaves
por el suelo desnudo.
Con una ternura a medida,
me conduces a una cama
infinita y concurrida.
Siento que he llegado a casa
pero que he perdido las llaves
en alguna calle
que no lleva tu nombre.
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