viernes, 22 de junio de 2012

Fuerza

Hay tempestades en las que te falla y te falta la fuerza. El timón se parte, las velas se desgarran y navegas enredado entre cabos mientras el temporal crece, impávido, en tu existencia. Te ahogas en una mirada apagada y débil. Naufragas en no creer en ti mismo. Tu mirada carece de luz. Caes de rodillas y la vista se te nubla. Las lágrimas te interrogan mientras el agua del exterior te salpica.

De pronto, un resplandor. Roto y sin fuerza, piensas. Fuerza. La palabra retumba en la oscuridad. Abres los ojos. Gritas: ¡Fuerza! De pronto hay menos viento. Dos resplandores. Continuos y confiados. Tu mirada crece. ¡Fuerza!, gritas de nuevo. Al cielo y a la lluvia. Ahora eres más grande. Tus manos han recuperado su fuerza. Fuerza, piensas otra vez, sorprendido. Habías olvidado esa parte de ti. El luchador incansable. El que siempre se levanta. Al que nunca le fallan las fuerzas. ¡Fuerza!, gritas, desafiante. El cielo estalla en una luz intermitente y, aún, lejana. Pero ya puedes mirar alrededor. Aprietas los dientes. Te levantas. Tu mirada es un faro. Sonríes. Para ti mismo. Puedes navegar sin velas y sin timón. Recuperas un control que siempre fue tuyo. Las lágrimas huyen. Fuerza, susurras, enfadado contigo mismo. El cielo negro cae a plomo. Un cielo rojo y naranja, forjado de luz, arde por encima de tu cabeza. Sustituyéndolo. Fuerza, piensas. Escoges una dirección y la sigues. El cielo, tu cielo, alumbra tu certeza. Y arrogante, piensas: ¿eso es todo?

No tienen ni idea de con quién se han metido.

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