Ya no huelo a esperanza
ni a albores
ni siquiera a abismos.
Te detuviste ante tu encrucijada, y elegiste.
Necesitaste llanuras y cielo.
Pero tan solo tenías que seguir andando.
En cierto modo
era fácil.
Y en el otro ámbito de ese mismo modo,
era difícil.
Me libero,
de esa forma egoísta que conocemos todos.
Mi fuerza sabe a experiencia.
Mis ojos alumbran mis pasos.
Lo indómito me caracteriza,
ya lo sabes.
Siempre visto grises y amaneceres
porque me recuerdan quien soy
y de lo que soy capaz.
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