Y no descanso porque no me lo permito. No concedo a mi cerebro otro pensamiento que el de aglutinar verdades. Puedo hacerlo y lo consigo. El tiempo y el esfuerzo han dejado en mí la huella de la superación. Y mis músculos y neuronas reaccionan. Siempre. O casi siempre. Ni mi corazón ni mis pretextos obedecen cuando les amenazo para que deje de pensar en ti. En fin, será que la vida se vive a borbotones. Una existencia reducida a copas llenas y rotas, donde o bebes de golpe y sangras, o te quedas sin nada. Caminos donde los pestañeos son preludios de huracanes, huracanes que son miradas. Abismos remotos donde arrojamos nuestras culpas y donde crecen los remordimientos. Lo que quiero decir - mi hermana me a dicho que no sea tan rebuscado- es que el tiempo pasa. Y las oportunidades son fugaces y tenues. Y lo que siempre será, de alguna manera, nuestro, es todo lo que perdimos.
Y que eternamente echaremos de menos. (Guiño, guiño)
No hay comentarios:
Publicar un comentario