sábado, 14 de enero de 2012

Filotas y la Punta

Caronte ha abandonado su barca, su río y su oscuridad. Utilizando como bastón su remo vino a mi cama. No supo encontrarme. Mi interior galopaba por cerros lejanos, templados por una luz abrumadora. El caballo es negro y el jinete enarbola una bandera. Destila fuerza y cabalga con la mandíbula apretada. La hierba y la tierra retumban y el cielo se desploma a su paso.El sol hiere las nubes con rayos candentes y baña su rostro de fuego y sudor. Su mirada capta la pupila hueca de Caronte. La lejanía no es un impedimento para este sajazarro duelo. Caronte comprende y acepta su derrota, y regresa a su infierno. Aún no, piensa. Todavía arde su pecho. Aunque duerma. Su Sofonisba aún es inhóspita, pero será la definitiva. Esa certeza le impregna.
Caronte desanda su camino con una pesadez impropia. El jinete se yergue en su montura. El frescor eterno de la campiña verde e inmensa sólo ensancha aún mas su mirada. Y yo me despierto firme y sereno, algo cansado. He soñado con un campo infinito y un caballo negro. Mi coraje está intacto. Hoy sale de nuevo el sol y yo, otra vez, me reinvento para ser el de siempre.    

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