miércoles, 29 de junio de 2011

Ebrio de quietud.

Un amanecer tímido y asustado nos desveló las ansias de seguir abrazándonos. Todo era más nítido y había más espacio entre cada beso para apoyar nuestras cabezas cansadas. Mi memoria está desgarrada. Apenas vislumbro los dos vasos de promesas que hiciste añicos. Pero me recompensaste con mucho más. Ahora, persigo retales de otra vida, la que ya nunca viviré. Todo lo que me han arrebatado me mira desde un barco que se pierde en el horizonte. Mis esperanzas me dicen adiós con un pañuelo tibio. Mis piernas deben sostenerme. Tengo que aguantar esta despedida con los ojos claros y secos. Ya no hablaré francés ni te susurraré palabras siseantes y embriagadoras en tu oído. Era el final perfecto para un comienzo genial. Pero decidieron que tenía que pagar por mis pecados, entre ellos salir a verte, y llegaron a la conclusión que mi mejor castigo era quedarme contigo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario