viernes, 24 de junio de 2011
No es para ti.
Princesa caucásica, tu mirada declina en tus labios de terciopelo prohibido. No eres tu la que camina a mi lado. Eres de otra época. Eres un daguerrotipo terrible de otros tiempos. Irresistibles y frugales, tus labios invitan a huir. Y a la vez a encontrarse en el laberinto de tus manos. Pero tu sonrisa ebria y cansada juega a no jugar. Te resguardé en portales oscuros y alumbrabas los puntos muertos con tu mirada viva. Preveías los pasos en falso y te aferrabas a mi zarandeo. Temblaba de frío y de miedo. Y de felicidad. No conseguía acaparar tantos sentimientos. Necesitaba encarcelarlos entre tu cuerpo y el mío. Pero lo que tu tenías eran planes, no miedo. E intentaste embaucarme con el vaivén tus caderas. Te sobraba espacio para experiencias. Yo quería vivirlas por ti. Y acabamos intercambiando correspondencia mirándonos a la cara. Y sabiendo que nuestros besos no seguirían vivos al alba. Pienso en tu desliz y en mi equivoación. Ninguno salió a buscarlo y volvimos a casa con las manos llenas de tesoros escondidos. Esa noche dormí con el alma encendida, el estómago lleno y mi cuerpo rebosando de ti. Hay tantos puentes en ruinas entre nosotros que te miro de reojo cuando nos miran de soslayo. No se lo esperan y, sin embargo, no les sorprendería.
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