lunes, 27 de junio de 2011

Rotterdam

Hablamos de todo y no nos dijimos nada. Ni nos mirábamos a los ojos. Tu hacías preguntas huecas que recibían como respuesta el eco de un pasado reciente. Aunque ya no tan reciente. Ha soplado el viento, ha llovido y sobre todo, he aprendido. No siempre fue fácil, sí, pero he logrado andar, incluso correr, con los ojos vendados. He utilizado la rabia, por ejemplo, para calentarme en las noches frías de invierno. Mi orgullo herido me empujo a hacer cosas maravillosas y terribles que, ahora, son eternas. Y aunque también caí en la vanidad y en el desprecio, he convivido con ellos, me han enseñado trucos sucios y les he vencido. Ahora me visita una nueva derrota de mirada brillante. Y me había olvidado de luchar, de sudar hasta la extenuación. De sobrevolar con el alma lo mundano de llorar ebrio. He tenido que reinventarme por el camino y en medio de la lluvia para creer en mí mismo.De todas formas, tú siempre me recordarás que hay cosas que nunca merecerán la pena.

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