Algún día contemplaré vuestro enojo. Respiraré en vuestros remordimientos. Algún día seré yo quien decida disparar a mi libertad. Pero lo hare con el corazón encogido y el alma azorada. No lo hare como vosotras, no. Que intercambiáis vuestros besos por abrazos caducos y sin sangre.
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