sábado, 30 de abril de 2011

Sarria

Aún quedan vestigios de lo que quise imaginar yo solo. Estuve tan cerca que ahora me sorprendo imaginándote. Y no entiendo el porqué de esta obsesión que me lleva hasta la amargura mas intensa. Te podría inmortalizar diciendote que te quise sin tapujos, pero los dos sabemos que es mentira porque no nos dio tiempo. No me dio tiempo. Mi pecho se rebela y mis ojos quieren absorber las lágrimas que, para más inri, nunca he derramado. Sólo quise perderme una noche en tus ojos nada especiales y me quedé a vivir en tus andares más de lo que me permitiste. Te llené la cabeza de ilusiones que sólo consiguieron que miraras para otro lado mientras yo aprendía a andar por tus caricias. Te gritaba y te decía: ¡mira!, cómo un niño emocionado. Pero tu sonreías y seguías leyendo tu libro de cómo olvidar fracasos. Sólo me queda seguir dando vueltas en mi cama, que ahora me resulta un poco más pequeña, y seguir inventándote una vez más y otra, hasta que te gaste. Y llegue en un momento en el que sucedan dos cosas: que de ti tenga una imagen difuminada e irreal o, en el mejor de los casos, que llegue a tatuarte en mis talones, para que estés en mi, pero darte la espalda.

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