Hoy abro los ojos, endurezco mi corazón y pierdo la fe en el mundo. También pierdo las ganas de seguir llorando. Sólo gano mas calor en mi cabeza y espacio para pensar por las noches. Siempre fue una despedida en la que nunca nos dijimos adios. Has reemprendido la carrera y has quemado el último puente. Y te grito un adios rotundo y extraordinario desde la otra ribera del río que, definitivamente, separa nuestras ganas de seguir luchando.
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