Tengo penas largas, como tus piernas. Impulsos patéticos que me urgen a pasar por delante de tu casa. Tengo un corazón desbocado y desbordante. Que se muere por que oigas cómo late. No se por qué. Pero pensaba que tenia la custodia de tus sentimientos. El copyright. Los derechos. Que iluso. Eras una autómata. Movida por el impulso de sentirse querida. Que ciegos somos siempre. Sobre todo cuando tu perro guía es la rutina. Ya lo decía aquel vengativo coronel. Si algo es demasiado bueno para ser verdad, no lo es.
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