jueves, 31 de enero de 2013
Siempre igual
La simpleza de una barra de pan sin su currusco. Hoy, por ejemplo, en un ascensor. Ese movimiento, casi automático al comprarla, de romper una esquina. El francés de mierda que me ha hecho bajar al bajo en el ascensor para volver a subir no se ha dado cuenta de nada. Ni de mi mirada de odio al principio ni mi sonrisa al final. Ni se ha despedido. Pero me ha recordado a mi casa y a mi madre. A mi abuela que siempre compra dos y se acaba comiendo el pan duro del día anterior para que no lo tiremos. A mi hermano que le echa la bronca por hacer eso. A mi hermana robándome la miga sin que me dé cuenta. A ti. Pero bueno eso no cuenta. Desde una barra de pan hasta un helicóptero verde me recuerdan a ti. De todas formas me ha caído bien el gabacho. Tan bien que cuando se ha ido sin despedirse le he dicho en un perfecto castellano: Hasta luego, imbécil.
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