En la oscuridad mas completa, ahí te esperaba. Agazapado entre recuerdos y nostalgias. Cosas que debí hacer y que no reuní el valor para llevarlas a cabo. Todas ellas me ataban a la negrura de mis pensamientos. Te vi pasear por mi horizonte lejano. Invadiendo de rayos de luz las esquinas mas ausentes. Fulgías con energía y encanto. Destilabas pureza. Me miraste, un segundo me miraste, y el fuego y la luz recorrieron mis venas. Después, aleatoriamente, continuaste posando tu mirada en cada retazo de oscuridad. Tu efecto duró un tiempo, más del que esperaba. Conseguí levantarme y hacerte señas con los brazos. Me imaginé bengalas y éstas cruzaron el cielo en mi ayuda, buscando llamar tu atención. Eran bengalas de auxilio, de amargura y de necesidad. Pero tus ojos de luz no las vieron -o no quisieron verlas- y poco a poco, fuiste alejándote en la negrura infinita hasta que, al final, todo volvío a ser como antes.
Se pueden ver, desde donde medro, iluminadas explosiones lejanas que me cuentan en tenues suspiros que aún queda algo de luz -tuya, por supuesto- dentro de mi. Y, sobre todo, algo de mi oscuridad en tu luz.
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