lunes, 14 de mayo de 2012
Tetuán y Batán.
Pienso en ti como algo que perece lentamente. Aquel rostro que se pierde en la oscuridad de un mar en calma. Lenta e inexorablemente, te hundes en tu propio abismo. Creas a tu alrededor balustradas y almenas, que no dejan vislumbrar qué es lo que quieres. Despierta, no permitas que la dejadez se convierta en tu costumbre. No concibas tu memoria sin sangre ni derrotas, porque con ellas se crece. Eres mi amigo. Grito tu nombre en cada lugar donde el eco impera y solo recibo silencio y mi nombre. Repetido hasta la saciedad. Grito tu nombre de nuevo y el silencio impregna mis preguntas. No recibo respuesta ni camino. Entonces, ¿qué debo hacer? ¿Permito que Caronte, poco a poco, te retire de este mundo? ¿Observo, inalterable, como te desvaneces? Quiero llegar al punto donde tu orgullo es tu losa. Donde te despojas de tu capa, de tu mentón, de tu nariz, de tus ojos, de tus labios, de tus dientes...y empiezas a buscarme a tientas, como un recién nacido. Que adivines con la confianza. Y estaré ahí, rodeado de quien te quiere, esperando para azotarte, suave pero firmemente, el trasero, y que nazcas de nuevo. Gritando y viviendo con la furia que te caracteriza. Con ese espíritu indomable de semental profundo. De amigo inquieto.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario