Le dije que por los ojos me salían mares, que mis dedos se transformaban en ramas. Le susurré que todo mi tiempo estaba perdido y que mi horizonte era cóncavo. Le conté mis problemas con la luna, mis trifulcas con los perros y mi enfado con dos o tres amigos. Elevé la voz cuando la rabia colmó mi garganta y fue testigo de como asesiné una sonrisa y como arrancaba los abrazos. Fui una mezcla de titán sin sentimientos y un voraz huracán sin viento. Intenté rasgarme los lamentos para que parecieran mas largos.
Pero ella seguía lanzándome flechas candentes que yo apagaba en mi lago de sueños.
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