domingo, 13 de mayo de 2012

Necesito dormir

Para variar y viajar, se me cierran los párpados. Pesados como culpas. Siento que he dejado algo a medias pero este cansancio perenne me ayuda a olvidarlo. Tengo una lejana idea donde pienso que aún respeto algo que antes quería. ¿Lo has entendido? Solo quiero que leas mi frase dos veces. Lo que quiero decir, lo que se me resbala por los labios, es que estoy cabreado. No sé si con el Destino, que con su vibrante risa desdibuja mis anhelos. ¿Y cuales son mis anhelos? Una roca. Quieta, como una montaña. Que siempre esté ahi, fiel a sus raices, a su sombra y a mi. Pero mientras escribo me doy cuenta de que pido algo sin convicciones, sin amor. Entonces llego al principio de un camino que ya he recorrido. En donde el tormento es una lluvia fina que empapa de principio a fin mi endeleble caminata. Sí. Camino despacio, con desgana. Sufriendo por algo que, en el fondo, no debería turbar ni un día soleado y radiante. Pero soy así. Me gusta demorarme en mis fracasos. Lo mejor es que ni siquiera es un fracaso, es un cielo abierto, una pradera virgen, una oportunidad. Pero yo solo veo el atardecer y la noche. El frío que llega después. En el fondo estoy cabreado conmigo mismo. Por no saber apreciar lo que tengo. Bah, y también contigo, no seamos hipócritas. Pero no con mi roca. Mi roca sigue ahí, fiel a mi, y con eso me basta. Estoy cabreado contigo. Sí, siente como un dedo acusador recorre en delirio la distancia entre la pantalla y tu pecho. Contigo. Muy enfadado, con tus decisiones, con tus debilidades. Enfadado contigo por saber que lo estoy y fingir una sonrisa mientras mi dedo acusador te oprime el alma. Volver a un parque donde estallábamos una madrugada, donde la luz, el fuego y el viento tropicalnos traían fragancias y luces de lo que pudo ser, fue y es.

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