Lo malo de conocer a tu adversario, es que ya tienes una opinión formada de él. Sabes de que pie cojea. Y eso, él -o ella-, puede utilizarlo contra ti. Convertir tu estrategia en una trampa. Todo esto si antes, no sientes como desfalleces en su presencia, no notas nudos en el estómago cuando él -o ella- esta cerca y sobre todo si no te dejas ambaucar -que eso lo hemos hecho todos- con cualquier juego de manos y de piernas. Si superas todo eso. Puede que logres, con paciencia y besos, acabar con él. O ella.
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