Me escuecen los labios y la noche. Nunca pensé que acabaría entre la espada de tus miradas y la pared de tus besos. Esta luz argentada y presurosa evoca otros tiempos, donde nos besábamos con más cautela y menos premeditación. Siempre he sabido que tus labios eran sublimes. En cambio, tu manera de besar, sabe a todo lo que no puedes darme. Y mis besos intentan transmitirte que, de todas formas, nunca las he querido.
Y no te flipes. Lo escribí aún borracho. De tí y de alcohol.
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