Entre las lágrimas de este otoño aparentemente eterno,
recuerdo los eucaliptos bañados por un tierno amanecer.
Las ventanas entreabiertas suspiraban por verse colmadas de pálidos y, a la vez, brillantes colores.
Solo necesitaban que un despilfarro se deslizase entre sus ansias y la rapidez de sus parpadeos.
Las páginas de mil sonrisas esperan
para verse abrumadas por una serie de diferentes carcajadas desconsideradas.
Todas con un denominador común y un futuro incierto, pero siempre juntas.
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