El tráfico y el mundanal ruido de la ciudad moribunda se transforma
en una canción orquestada para tu sonrisa.
Tus pensamientos vuelan entre el olor de su cuerpo,
el tacto de sus manos y la forma de mirarte.
Tu sonrisa ha decidido ponerse unos tacones para irse a pasear al parque.
Y mi corazón, desde un banco, sonríe y siente como su pecho va a estallar
en mi colores de amor joven y jovial.
El querer a quemarropa tapiza la ciudad, gris, en una primavera perpetua
donde todos los matices son tus ojos y cualquier tonalidad es tu rostro.
La primavera a llegado a este invierno que se sentía tan solo.
A este invierno en el que, por primera vez, el frío está fuera y no dentro de él.
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