sábado, 17 de septiembre de 2011

Reconcilio de Trento

Vuelves a mí como vuelve la crueldad a una espada. No me persgiues tú, ni tu mirada ni el cadencioso balanceo de tu caderas. Me persigue tu sombra y me desprecia tu mirada. Es así de simple. Ayer volví a imaginarte en mis brazos. Qué remedio. Cómo no fantasear con tu cuerpo de caoba y fuego enredada a mis insomnios. Pero tu eres objetiva, recta y de maneras impecables y calculadas. Y no te dejas empapar por el desatino de una noche de verano. De una fuente y un paseo. No te embriaga que te robe un beso. Podría ofrecerte un mundo donde las estrellas fuesen las farolas. Donde pasear de la mano fuese un reto. No se si esto es orgullo o amor. No lo sé. Tampoco sé si lo que buscas es un puente o una letanía, breve e intensa. Después de tanto tiempo, aún sigo viendo tus ojos en los ojos ajenos. En los amaneceres equivocados pienso en tí. El calor que me abrasa el pecho es el fuego en el que nos consumíamos. El fuego que nos ardía en los ojos. El fuego de las noches trasnochadas en nuestra casa siempre ajena. Ojalá la rutina haga que vuelvas a mí, aunque sólo sea de pensamiento. Que me imagines y me endioses como yo hago ahora contigo. Nunca me fallaste pero siempre hacías las cosas mal. No supiste que me querías hasta que decidiste que ya había acabado nuestro momento.

He juntado tres sonetos y un vaso de ron para hacerle un remiendo al olvido. He sabido precindir del amor, pues pesaba mucho en el camino. He conocido amigos que se mienten y amantes que se aman. Supongo que aún no te he olvidado, que el olvido es memoria y que mi memoria siempre vuelve a ti. 

1 comentario:

  1. jajajaja me encanta que me copies un poquito, pero no me añadas cosas, querida

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