Fue como un encuentro casual, premeditado de antemano. Después de tanto tiempo, de tantas fintas para esquivarnos ahora paseábamos hombro con hombro. Por las calles desiertas y aun así, ruidosas. La luz artificial jugaba con nuestras sombras, y las alargaba a su antojo. Las bocacalles respondían a nuestras preguntas y los balcones, curiosos, nos observaban desde su segura altura. Tu mirabas hacia delante, yo me perdía en tu perfil. Te miraba de reojo esperando a que me mirases. Y nunca llegaba ese flotador en forma de mirada. Cuando nos quedábamos callados canturreabas una canción, y yo, para hacerte reir, la bailaba con las manos cogidas detrás de la nuca. Frunciendo los labios. Entonces entendí que esa noche, perversa y sabia, no te besaría. Y por primera vez en esa oscuridad húmeda, de otoño, me relajé y volví a ser yo mismo. Y empezamos a hablar. Y como siempre acabamos en las películas. Tu te sabías mis peliculas preferidas y yo solo había visto las que odiabas. Aunque siempre me gustaron esas películas que de repente volvían a ti. Que volvían a tu recuerdo como se vuelve de un viaje. Y que veíamos una y otra vez, siempre domingos en los que llovía. Sabes que siempre he sido de hablar y no callarme. Y esta vez, arropado por el otoño inminente y el recuerdo de una bufanda, me perdí -para variar- en mis soliloquios casuales:
-Si te fijas - te dije mientras frenaba en seco y miraba a otro lado, pensativo- en las películas siempre pasa lo contrario. En la realidad nadie vuelve a por nadie. No hay valor para dejarlo todo porque sí.
Tu me mirabas con esa sonrisa extraviada. Pero seguías sin darme la razón. Y seguiste andando mientras cabeceabas y te abrazabas el estómago. Tenías frío.
-¿Quieres mi jersey?- te ofrecí yo.
Y sonriéndome otra vez lo cogiste suavemente de mi mano. Rozándome como un recuerdo. O como una bala.
-Bueno la conclusión- proseguí, impreterrito- es que en la vida real la gente no se besa porque sí. Suelen estar bebidos. O el beso es la cúpula de un trabajo de varias semanas. Incluso meses. No te reencuentras con una persona y porque...
Y tus labios sellaron mis dudas en un beso cálido y acogedor. Volví a un domingo lluvioso. Y tú estabas acurrucada entres mis brazos. Y todo había sido un maldito sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario