lunes, 19 de septiembre de 2011

Besos en los pasos

Fue como un encuentro casual, premeditado de antemano. Después de tanto tiempo, de tantas fintas para esquivarnos ahora paseábamos hombro con hombro. Por las calles desiertas y aun así, ruidosas. La luz artificial jugaba con nuestras sombras, y las alargaba a su antojo. Las bocacalles respondían a nuestras preguntas y los balcones, curiosos, nos observaban desde su segura altura. Tu mirabas hacia delante, yo me perdía en tu perfil. Te miraba de reojo esperando a que me mirases. Y nunca llegaba ese flotador en forma de mirada. Cuando nos quedábamos callados canturreabas una canción, y yo, para hacerte reir, la bailaba con las manos cogidas detrás de la nuca. Frunciendo los labios. Entonces entendí que esa noche, perversa y sabia, no te besaría. Y por primera vez en esa oscuridad húmeda, de otoño, me relajé y volví a ser yo mismo. Y empezamos a hablar. Y como siempre acabamos en las películas. Tu te sabías mis peliculas preferidas y yo solo había visto las que odiabas. Aunque siempre me gustaron esas películas que de repente volvían a ti. Que volvían a tu recuerdo como se vuelve de un viaje. Y que veíamos una y otra vez, siempre domingos en los que llovía. Sabes que siempre he sido de hablar y no callarme. Y esta vez, arropado por el otoño inminente y el recuerdo de una bufanda, me perdí -para variar- en mis soliloquios casuales:
-Si te fijas - te dije mientras frenaba en seco y miraba a otro lado, pensativo- en las películas siempre pasa lo contrario. En la realidad nadie vuelve a por nadie. No hay valor para dejarlo todo porque sí. 
Tu me mirabas con esa sonrisa extraviada. Pero seguías sin darme la razón. Y seguiste andando mientras cabeceabas y te abrazabas el estómago. Tenías frío.
-¿Quieres mi jersey?- te ofrecí yo.
Y sonriéndome otra vez lo cogiste suavemente de mi mano. Rozándome como un recuerdo. O como una bala.
-Bueno la conclusión- proseguí, impreterrito- es que en la vida real la gente no se besa porque sí. Suelen estar bebidos. O el beso es la cúpula de un trabajo de varias semanas. Incluso meses. No te reencuentras con una persona y porque...
Y tus labios sellaron mis dudas en un beso cálido y acogedor. Volví a un domingo lluvioso. Y tú estabas acurrucada entres mis brazos. Y todo había sido un maldito sueño.



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