martes, 27 de noviembre de 2012

Venga...

Siempre lo digo. No pierdo la ocasión para mirar a los ojos y, con voz lejana, repetirlo. El tiempo lo cura todo. Baco, el tiempo. Mírame a mi. De repente, un día  te ríes y cabeceas mientras andas por alguna ciudad con la mirada perdida. Da igual que ciudad. Un día, las miradas a quemarropa y el amor desgarrado crepitan, tiemblan y se apagan para siempre. Es lo que tiene el fuego. Después llega la calma, la mirada sabia y los amigos. Y si, te aseguro que en algún puerto miraras el horizonte y pensaras en ella. Mientras juegas al fútbol  te quedaras parado, meditando en una banda, lo que solías sentir. En un viaje en coche, conmigo por ejemplo, contemplaras el ocaso y sus manos recorrerán,  otra vez, tu cuerpo. Y la melancolía te asaltara en cada esquina, en cada cama solitaria. Si, esas cosas pasaran. Pero tu corazón encontrará su lugar. Sonreirás  en alguna primavera lejana o en algún verano abrumador -siempre conmigo, no jodas- y sabrás que todo ha pasado y que puedes volver a empezar.

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