martes, 6 de noviembre de 2012

Cuñitas de Mostar

Entrelazábamos las manos de una forma rápida e imprecisa. Los besos se adivinaban en miradas. Te mordías los labios mientras me rechazabas una y otra vez. Tu sonrisa divertida iluminaba la noche. Tus rizos morenos bailaban al son de tus caderas. En inglés impreciso resbalaba por tu lengua y yo te repetía sin descanso que había viajado hasta allí, el fin del mundo, a por ti. Me apartabas con una mano mientras que con la otra me acariciabas el pecho. Siempre riendo. Volví a casa con un amigo, los dos en silencio. Rumiando cada uno los errores de esa noche. Labrando explicaciones que algún día tendríamos que darnos a nosotros mismos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario