martes, 7 de agosto de 2012

la receta

No puedo evitar la sonrisa que me invade cuando pienso en nosotros. Los abismos que hemos compartido y los lodazales de los que hemos escapado. Las mañanas siempre son casuales cuando amanezco con vosotros. Los coches sólo son gritos y distancia, a partes iguales. Se puede reir o llorar. Depende del ambiente y del sol. Siempre depende del sol. Aunque esta vez fue la lluvia quien nos regalo encrucijadas y nuevos retos. Fue la lluvia quien nos separó. Tuvo que acudir el sol, como siempre, en nuestra ayuda. Ésta vez, las nubes intentaban ocultar sus destellos, pero supimos sobrellevar la melancolía. aguantamos hasta el final. Y tuvimos nuestra recompensa y nuestro cansancio. Nuestro viaje iluminado y nuestro regocijo, ya para siempre patente en nuestras miradas.

Ni el tiempo ni nuestra condición conseguirán que evitemos pedir ayuda cuando las lágrimas aneguen nuestros ojos y los puños busquen destinos preñados de dolor. Siempre habrá cabida, entre nosotros, para el más dulce consuelo. Nos confiaremos, en susurros confidentes, las recetas del bálsamo de la vida.

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