martes, 20 de marzo de 2012

Interpolando



Ahora que las balas pasan rozándome y perdonando sueños puedo volver a mi memoria y a lo que realmente sé. 
Ahora que el fragor de los gritos se eleva al cielo impretérrito, puedo escucharlo. Puedo oir la voz de un hombre, o de una mujer, no puedo distinguirlo. Pero conozco su fuerza. Adivino su pasión. Sé los trazos que ha necesitado, esa voz, para llegar a mis oídos. Cierro los ojos y dejo que su melodía me envuelva. Su fuerza me detiene. La voz y las palabras tienen esas cosas. Un susurro tiene el poder de un trueno. Una confesión robada en un camión inmortaliza un cielo. Pues el más leve balbuceo puede detener un ejército si dice la verdad.
-¿Has estado alguna vez en Africa?
-No.
-Pues ya es hora de que vuelvas.

Kumu kubushu

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