Ahora que las balas pasan rozándome y
perdonando sueños puedo volver a mi memoria y a lo que realmente sé.
Ahora
que el fragor de los gritos se eleva al cielo impretérrito, puedo escucharlo.
Puedo oir la voz de un hombre, o de una mujer, no puedo distinguirlo. Pero
conozco su fuerza. Adivino su pasión. Sé los trazos que ha necesitado, esa
voz, para llegar a mis oídos. Cierro los ojos y dejo que su melodía me
envuelva. Su fuerza me detiene. La voz y las palabras tienen esas cosas. Un
susurro tiene el poder de un trueno. Una confesión robada en un camión
inmortaliza un cielo. Pues el más leve balbuceo puede detener un ejército si
dice la verdad.
-¿Has
estado alguna vez en Africa?
-No.
-Pues
ya es hora de que vuelvas.
Kumu
kubushu
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