domingo, 26 de febrero de 2012
Y no me gusta
Puedes pronunciar mi nombre sin ponerte de puntillas. Tus piernas son tan largas como mi mirada cuando te busca. Sabes cómo mirarme, sin querer, para que olvide las palabras. Es lamentable cuando ceno a tu lado –nunca enfrente – y sólo me ofreces comida en vez de tus tardes. Yo te ofrezco miradas veladas que logran ocultar de milagro lo que en mis ojos centellea. Quizá, si hubiese bebido un poco más, podría haber encontrado el valor de besarte. Pero siempre había muros. Yo era la chica en nuestro baile, tímida y sin palabras, de mirada huidiza y poco valor. Después los cuervos y los buitres acudieron a mi encuentro, y acabé ordenando mis fracasos mientras cerraba los ojos en la parte de atrás de un coche. Rodeado de amigos. Y menos mal. Siento que cada vez que intento mirarte no puedo abrir los ojos. Siempre tengo que mirar hacia arriba para atisbarte, tu ni sientes mis flechazos. Desesperados y candentes. Quiero olvidarme en alguna tarde donde sólo existen tus pecas y tu risa encendida. Siempre será febrero, o estará a punto de serlo. Tu pelo negro e intransitable –como una noche sin luna – me dice entre susurros que estoy perdiendo algo que quiero.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario