Y ahora,
desde la cómoda posición que me he forjado
a partir de esfuerzo y lágrimas
recuerdo como era antes.
Recuerdo cada obstáculo,
cada peso que tuve que tirar por la borda,
de las esquinas que tuve que pulir.
De todo lo que he dejado atrás.
La sensación de impotencia.
El miedo.
Las ganas de llorar.
El escudo, las rodilleras y el casco.
Es curioso, porque me siento vacío.
Ahora que las cosas me van mal,
volvería al principio sin dudarlo.
Volvería a equivocarme todos los días.
Cambiaría paso a paso mi pasado.
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