sábado, 28 de agosto de 2010

Cuando uno no puede salir

No hay nada como la sensación de libertad encerrado en una lata,
cortar el viento animado por unos antiguos decibelios.
Que bonitas son las noches sin luna y sin estrellas,
iluminadas artificialmente por tu voz en la lejanía.
La sensación de estar solo y a la vez, estar en alguien.
El deber de estar abatido. Y no tener ganas de hacerlo.
Sonreír porque si. Apretar con fuerza el primer objeto que encuentres en tus bolsillos.
Y después de todo eso,
montar en tu lata
desafiar al viento
esconderte de la noche e ignorar tu voz
y volver solo, sonriendo apretando el volante.
Y saborear la vida como en ningún otro momento lo harías.

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