No hay nada como la sensación de libertad encerrado en una lata,
cortar el viento animado por unos antiguos decibelios.
Que bonitas son las noches sin luna y sin estrellas,
iluminadas artificialmente por tu voz en la lejanía.
La sensación de estar solo y a la vez, estar en alguien.
El deber de estar abatido. Y no tener ganas de hacerlo.
Sonreír porque si. Apretar con fuerza el primer objeto que encuentres en tus bolsillos.
Y después de todo eso,
montar en tu lata
desafiar al viento
esconderte de la noche e ignorar tu voz
y volver solo, sonriendo apretando el volante.
Y saborear la vida como en ningún otro momento lo harías.
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