domingo, 19 de octubre de 2014

Maratón

Es curioso. Al final, no era la música lo que ella esperaba. En la penumbra última de una habitación yo afinaba una guitarra. Y ella me miraba con ojos de Nautilus. No le importaba el desenlace, ni las notas. Se contentaba con mirar como manipulaba las clavijas. Ella, con su cuerpo de violín, se interesaba más por el medio que el fin. Ella. Una mañana cualquiera después de tanta plaza mayor, después de Nino Bravo y antes de tantos reproches.

No hay comentarios:

Publicar un comentario