Fue un sábado de semáforos rojos y puertas cerradas. Y lo siento. No llovía, pero el aire llevaba implícito las notas amargas de un noviembre. Como cuando andaba por aquella calle pensando en ti, arropado por el color teja de las hojas que alfombraban las aceras. Escribí algo sobre eso. De tu ausencia y mis rodillas. Tu ojos, ayer, relucían. No te mordías los labios y palpitabas a otro ritmo, en otro día, en distinta estación.
Que quieres que te diga. No soy tan listo. No lo entiendo. Ni tu mirada, ni la distancia, ni el sonido desgarrador, definitivo, de tu silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario