La lluvia es fria. Cae plácidamente y de una manera uniforme. Las calles están mojadas. Los transeúntes caminan con prisa. Los coches levantan al pasar pequeñas cortinas de agua. El sol es un disco tibio. Las aceras son emboscadas. Camina rápido, con paso furioso. Movimientos decididos. Con la mirada clavada en el suelo, desgarrándolo. Sus pasos, enérgicos, son rápidos y precisos, desesperados. Dientes apretados. Vaya mierda de día, piensa. Tiene el pelo mojado y las zapatillas empapadas. Algo le arde en el pecho. Lo aleja con un movimiento brusco de cabeza. Unas gotas le saltan del pelo y van a estrellarse al empedrado de la calle. Siempre haciendo las cosas el último día, reflexiona enfadado. Y vaya último día de mierda. Frunce el ceño, pero su energía sigue intacta. Sigue andando rápido, desentrañando el suelo, cuando alza la vista. Una chica desafía a la lluvia. Lleva ropa de publicidad, una gorra de la misma marca y sostiene una carpeta en una mano y en la otra un bolígrafo. Espera a que él recorra los últimos metros que les separan alumbrándole con su mirada azul. Zafiros engarzados. Una sonrisa tímida lucha por salir de sus labios. Los corazones de aceleran. Ecos de latidos en los portales. El se dirige directamente hacia ella con otra mueca de sonrisa cruzándole el rostro. Cuando unos pasos les separan ella alza la voz, segura pero con fisuras.
Vous avez une minute?
El sonríe. Se sitúa enfrente y, encogiéndose de hombros, niega con la cabeza.
Je ne parle pas bien français.
Ella sonríe, derrotada. Ladea la cabeza y asiente. Involuntariamente se hace a un lado para dejarle pasar. Su mirada de cielo despejado buscando otros peatones.
Mais - continúa él; y ella se sumerge, otra vez, en sus ojos- je sais comment te dire que vous avez les plus beaux yeux de toute la ville.
Lo dice sonriendo. Sin ánimo de un mañana. Lo dice porque le sale. Porque quiere que ella lo sepa. En su mirada trasciende la melancolía de lo que nunca será. Ella también sonríe. En sus ojos el mar embravecido.
Desvía un segundo la mirada. Mientras balancea el cuerpo se gira hacia él. Comienza a hablar con los ojos mirando al suelo, pero enseguida, en un juego de pestañas, vuelve a mirarle.
Vous le plus beau sourire.
Se miran durante unos segundos. Luego la calle vuelve con sus sonidos. La lluvia sigue cayendo. Los coches vuelven a pasar. El, finalmente, comienza a girarse mientras empieza a andar. Ella sólo gira el cuello en la otra dirección. Sin despedidas.
El se aleja lentamente. Toda la furia ha desaparecido. La rabia y el fuego de su pecho se han apagado. Disfruta de la lluvia. Se endereza un poco. Relaja los músculos. Nota la lluvia corriendo por su cara. Respira.
Efectivamente -comenta en voz baja-, vaya mierda de día.
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