sábado, 15 de diciembre de 2012
Rocío
Cómo quieres que me alcancen las mañanas, sin ti, y que sonría sin rabia. Nunca sabré si de verdad lo pretendes. Supongo que alguien susurrante te habrá descrito que, cuando amanece, el campo es una fiesta. Que tu nombre irrumpe en cada esquina. Que los tallos se sorprenden meciéndose a tu compás. Hoy me he cruzado de brazos y te he hablado de soslayo, sin mirarte. Tu no has buscado mis heridas, sabes que suelen sangrar. La sonrisa te atravesaba el rostro, como una flecha al azar. Nunca sabrás que por la mañana impregnabas la hierba. Pasarán dos años y nadie te habrá llevado a ver como tu nombre conquista, en cada amanecer violento, parques y corazones.
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