Mi vida siempre a sido un barco
que dando tumbos, ha conseguido llegar a puertos lejanos.
Lugares exóticos y peligrosos.
Hoy, mi vida y mi barco y mi zarandeo voluntario
me han traído hasta aquí.
Sé que acabaré desangrado.
Lo sé, es una certeza. Como que brilla el sol
y que ya no sé mirar sin tapujos.
Miro con medias sonrisas, eso sí, pero son tuertas.
Y no puedo evitar sonreír de verdad,
incluso mirar a quemarropa,
al destino que me depara este puerto y sus secretos.
No consigo apagar el fuego de mi pecho,
ni esquivar la voz que me reclama.
Me adentro en un mundo que conozco,
del que salí moribundo
y al que vuelvo para reinventarme.
Hacerme a la mar
con los manos frías
y la cabeza y el corazón caliente.
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