jueves, 4 de noviembre de 2010

Argenta

Nunca pensé que llegaría a descubrir nada en esta vida. Pensaba que los secretos estaban velados y a salvo. Que eran para gente importante. Pero ayer me quede mirando la luna. Y la luna, que no tenia nada mejor que hacer, me miró. Y vio mi perplejidad, y me regalo una sonrisa argentada. Fue ahí cuando lo supe. Cuando me di cuenta del error ancestral humano. La luna es un hombre. Que se viste con un abrigo largo plagado de brillo y melancolía. No se lo quita desde que su amante lo echo del día. El sol. La única mujer para el. La única que le ilumina. Y me vio allí. Con una recién estrenada soledad. Y decidió romper el hechizo cautivador de su silencio.
Y desplomó sobre mis penas la luz de sus estrellas, su sonrisa y su secreto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario