Resulta que, al final, ayer o siempre, quien sabe, llego tarde a casa. Estoy cansado , me escuecen los ojos y tengo que quitarme el traje apagadamente, sin mucho entusiasmo, sin un destino que me defina y nos de sentido. Una vez desvestido me doy cuenta de la húmeda soledad que ha crecido en ese lunes lluvioso y también de que no me quedan calcetines limpios, que hay cobardía inhóspita en mis manos; que el eco y las paredes resuenan a tardes de otros. Y ahí estoy yo, esperando a que el tambor de la lavadora estalle y que se acabe esta ciudad sin magia. Exhausto, contemplo las lentas revoluciones como quien observa un paisaje, un hecho o una tostadora. Me refugio en Onetti. En el difuso final de las palabras, en las gotas que revientan y se pierden para siempre. Un lejano reloj -quizá el Big Ben, quizá Saint Pauls- anuncia que ha llegado el hemisferio más oscuro de la noche. Donde las tragedias se enhebran con la bruma y el coraje de quien desafía, por ejemplo, a un fantasma. Me encuentro solo, cargando ropa mojada que huele a refugio y a melancolía, y una sonrisa feroz acude a mis labios y tarareo, sin insistencia, una canción derrotista y cobarde que resume una vida demasiado conmigo y rotundamente sin ti. Los ritmos pausados y ausentes. Aun así, recurro al cinismo, a una valentía marchita que aún asombra para bailarle a la noche. Mientras todo se derrumba, los hombres justos y honrados duermen y la luna despliega su relente sin complejos. Yo bailo -lejana interpretación de movimientos- como homenaje a las cosas que se rompen. Inauguro las miradas sin consuelo, las fotos que recuerdan que un día estuvimos a tiempo. Bailo para encontrar el juicio, para que el mar siga siendo simplemente agua y no una frontera. Bailo porque cuando todo va mal pienso en ti y ya no hay remedio, ni cura, ni cobardía, ni anhelo. Bailo y canto entre dientes esa estúpida canción y recupero una ignota idea que intuyo pero no recuerdo. La ropa está mojada, las sombras lamen las esquinas. Yo sonrío y bailo y todo vuelve a ser como antes. No estoy cansado, aún es de día y hay luz, y todavía me quedan putos calcetines limpios.

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