Inteligente, taciturna, natural, distante, vivaz, callada; con ese aire bohemio que a
veces te nubla los ojos. La voz rasgada. Una sonrisa de gata y un pelo ideado
para bailar al viento de la sierra de Tramuntana. De risa fácil pero
complicada. De música eterna. Impertérrita y sarcástica. De lado. Que intuye
por donde voy. Aun así en tus ojos la sorpresa, la duda, la indiferencia. La
melancolía en unos pasos que siempre te llevan a un lugar donde no hacen falta
las palabras. Te hago eterna en palabras que nadie leerá. En el ideal difuso
del que están hechas las quimeras. Si no hubiese tanta distancia, tanto mundo y
el mar, quizá. Ese quizá. Como tantos otros. Te perfilo de esta manera porque
me preguntaron que como sería. Ella. La que lograría robarme los sentidos y las
ganas. Hoy he leído un artículo de La Central y he pensado que te encantaría. Te
llevaría ahí una tarde de lluvia. Como si llegáramos por accidente. Como si el
destino hubiera tejido el caprichoso camino de esa manera. Te llevaría ahí para
que te perdieras en sus libros. Para que en tus ojos brillara la excitación contenida.
Y que yo pudiera observarte a escondidas mientras acaricias el lomo de tantas
palabras y te pierdes en las historias que ya leíste. O te inventas las que aún
persigues. Recuerdo cómo te perdías en Babel. Cómo entrabas y te olvidabas de
mí, de José Luis y del mundo. Volvías con libros para los que siempre tenías
una historia. Uno fue India, otro la Costa Oeste. Otro un día en la playa con
viento. Te interrumpías, confusa, al ver mi sonrisa y me llamabas idiota con ese
tono. Con. Ese. Tono. El mismo con el que me reconoces que fuimos un poco
novios. El mismo con el que te ríes al recordar El graduado, La gran belleza y
Twin Peaks. Vaya mierda de serie. Era demasiado fácil. Y nuestra conversación,
la de ayer, la de tu cumpleaños, lo demuestra. Tengo curiosidad. Tan fácil y tan extraño. Tu voz a cientos de
kilómetros y yo sonriendo olvidándome en tu recuerdo. Con el dolor de la distancia
aferrado a las palabras de Galeano. No puedo dormir, tengo una mujer atravesada
en los ojos. Si pudiera, le pediría que se vaya. Pero tengo una mujer atravesada
en la garganta.
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