lunes, 25 de mayo de 2015

Como sería

Inteligente, taciturna, natural, distante, vivaz, callada; con ese aire bohemio que a veces te nubla los ojos. La voz rasgada. Una sonrisa de gata y un pelo ideado para bailar al viento de la sierra de Tramuntana. De risa fácil pero complicada. De música eterna. Impertérrita y sarcástica. De lado. Que intuye por donde voy. Aun así en tus ojos la sorpresa, la duda, la indiferencia. La melancolía en unos pasos que siempre te llevan a un lugar donde no hacen falta las palabras. Te hago eterna en palabras que nadie leerá. En el ideal difuso del que están hechas las quimeras. Si no hubiese tanta distancia, tanto mundo y el mar, quizá. Ese quizá. Como tantos otros. Te perfilo de esta manera porque me preguntaron que como sería. Ella. La que lograría robarme los sentidos y las ganas. Hoy he leído un artículo de La Central y he pensado que te encantaría. Te llevaría ahí una tarde de lluvia. Como si llegáramos por accidente. Como si el destino hubiera tejido el caprichoso camino de esa manera. Te llevaría ahí para que te perdieras en sus libros. Para que en tus ojos brillara la excitación contenida. Y que yo pudiera observarte a escondidas mientras acaricias el lomo de tantas palabras y te pierdes en las historias que ya leíste. O te inventas las que aún persigues. Recuerdo cómo te perdías en Babel. Cómo entrabas y te olvidabas de mí, de José Luis y del mundo. Volvías con libros para los que siempre tenías una historia. Uno fue India, otro la Costa Oeste. Otro un día en la playa con viento. Te interrumpías, confusa, al ver mi sonrisa y me llamabas idiota con ese tono. Con. Ese. Tono. El mismo con el que me reconoces que fuimos un poco novios. El mismo con el que te ríes al recordar El graduado, La gran belleza y Twin Peaks. Vaya mierda de serie. Era demasiado fácil. Y nuestra conversación, la de ayer, la de tu cumpleaños, lo demuestra. Tengo curiosidad. Tan fácil y tan extraño. Tu voz a cientos de kilómetros y yo sonriendo olvidándome en tu recuerdo. Con el dolor de la distancia aferrado a las palabras de Galeano. No puedo dormir, tengo una mujer atravesada en los ojos. Si pudiera, le pediría que se vaya. Pero tengo una mujer atravesada en la garganta. 

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