domingo, 4 de agosto de 2013
Uzbekistán
Puede que me equivoque. Que beba demasiado y que grite. Pero es verano. Es verano y puedo conducir con las ventanillas bajadas y en silencio. Quizá debería preocuparme. Hacer más caso a mis amigos. Mirar menos el móvil. Pero es verano. Te pones vestidos cortos y sonríes en las fotos. Debería ser justo contigo y no tendría que cogerte el móvil cuando me llamas etílica. Tendría que ser más valiente y mirarte a los ojos. Decirte lo que espero y lo que no quiero. Blasfemar verdades. Pero luego me vienes a ver desde Santander. Morena caoba. Indómita como un puto caballo salvaje. Encendida como un atardecer. Misteriosa. Y me miras y me sonríes y me empujas para que me caiga mientras bajamos a una cala desierta. Entonces me faltan y me fallan las palabras. Me convierto en ese cobarde que tanto critico. Entonces no quiero que te vayas. Y tengo miedo y hay futuro. Pero después, en mi soledad concurrida, me visitan mis fantasmas. Siempre tengo resaca y, a pesar de que es verano, no puedo tocarte la guitarra, no puedo llevarte en moto a casa y no quiero tener que echarte de menos.
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